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lunes, 4 de enero de 2016

DETENTE.



Llega un momento en la vida, un momento que te hace sentir que tragas mil píldoras en seco. Llega ese día, ese momento, esa hora o ese minuto que te noquea sin previo aviso y te tumba en el suelo haciendo que sientas lo duro que es vivir. Llega ese momento en el que ya no es un iPhone, una nota académica, un ascenso de trabajo o tus sueños más profundos aquello que te mueve. Sí, llega ese amargo momento que te hace detener en medio de la nada y preguntarte si tus convicciones son las correctas.
Cierras los ojos al amanecer de aquel fresco desierto y extiendes los dedos de las manos sintiendo el aire pasar a través de ellos... y te preguntas, te preguntas mucho sobre lo que estás haciendo, ¿quién eres?, ¿a dónde vas?.
Si volteas al pasillo anterior llamado pasado no te sientes orgulloso más sin embargo te excusas en las experiencias. Con miedo echas un vistazo al pasillo siguiente de dónde te encuentras, uno llamado futuro, solo pensando en lo que quieres lograr, los lujos que quieres tener, la empresa que quieres formar.
La vida así es, te detiene cuando ella quiere. Eres su juguete, eres solo una bolsa de plástico en ella. Mira a tu al rededor, ¿dónde estás?. Si estás casado observa lo bella que es tu mujer y amala como el primer día que la viste y decidiste tenerla en tu vida. Mira a tus hijos, mira el milagro que lograste realizar sudando y gimiendo temerosa de fallar en tu papel de portadora de vida. Si eres hijo, mira el cansancio de tus padres quienes se esfuerzan por darte esos electrónicos, esa ropa de marca, la colegiatura y el pan de cada día. Aquellos que si trabajas ven por ti y te guían para ser una persona responsable e íntegra. Sí, ellos que se desvelan pensando si habrás probado drogas, si tienes algún novio por ahí, si te proteges al tener relaciones sexuales o si te hace falta algo para ser feliz. 
Si eres hermano o hermana, enlaza poderosamente esa sangre que los une, se paciente y ama a quienes te amarán incondicionalmente a pesar de que tomaste sus cosas sin permiso o que sientas que le odies cuando te acusó de llegar tarde la noche anterior.
Si eres nieto, escucha aquella voz quebrada de tus abuelos, admira aquel cabello platinado y observa detenidamente los ojos que lloraron y se llenaron de alegría con experiencias que ansiosos están por contarte, pues aquel abuelo o abuela son tan felices contando sus cosas así las repitan una y otra vez.
Detente, hazlo. No esperes a que la vida lo haga, no cometas ese error. No esperes esa llamada, esa tragedia o ese momento en el que la vida soplará fuerte y hará que la bolsa de plástico no tenga el control de su equilibrio.
Detente, observa, agradece. Levanta la vista de aquella pantalla que hace que te pierdas de quienes lamentarás perder algún día, sal de ese mundo de sueños superficiales que te hacen ser un egoísta que solo le importa como nutre su interior.
Detente, no corras, disfruta y analiza los pasos que estás dando. No esperes que la vida te detenga haciendo que tropieces con aquellas piedras que no esperabas encontrar. No te pido que te conformes o que solo dejes que la vida haga su trabajo. Te pido que tú tomes el control y vivas, simplemente eso. Vivir.
Llega ese momento en la vida que ni si quiera tuviste la oportunidad de darle el último abrazo a quienes ya no están. Ese momento en que te vas pensando que próximamente volverás a encontrarte con aquella persona que hoy saludaste sonriendo. 
Sucede que ya no, así de simple, así de casual. La vida es una condena a morir si lo vemos desde el modo mas oscuro y realista,sin embargo en otra perspectiva la vida es la oportunidad de disfrutar esos momentos con quienes amas. Por favor disfrútalos. 
No cometas el error de las familias que pelean tanto que ni si quiera la navidad los reúne. Detente a disfrutar de quienes te rodean, de quienes te aman, de los bienes espirituales que tienes. Si no, llegará ese día en el que ya no habrá más, en el que te darás cuenta que disfrutar ya no es una opción y el lamentar la única alternativa por lo que seguirá de tú vida. Detente a observar por voluntad propia y no por las cosas que se te fueron de las manos y desesperado nunca volverás a encontrar.


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